portada Blood on the clockttower

Blood on the Clocktower

¡Di que sí!

Ese juego no me gusta (aunque nunca lo he jugado)
Cuanto más profundizo en esta afición y más jugadores conozco —ya sea en jornadas, quedadas o siguiendo a creadores de contenido—, más veces escucho frases como:
“Ese juego no me gusta.”
“No es mi tipo de juego.”
“Yo no juego cooperativos.”
“No me gusta ese autor/a.”
Frases rotundas, cargadas de convicción… sobre juegos que, en muchos casos, la persona ni siquiera ha jugado.

A veces se puede interpretar como una exageración o una forma de hablar. Pero no. Hay personas que descartan juegos sin apenas saber de qué van. En ocasiones, incluso son juegos que encajarían con sus gustos, su grupo, su estilo. Pero da igual. Han decidido que no. Y punto.


La frontera invisible de lo que ya conocemos
Me sorprende cómo algunos jugadores que disfrutan los roles ocultos — La Resistencia, Una Noche: El Hombre Lobo, Secret Hitler— se cierran en banda al oír hablar de Blood on the Clocktower.
“Es muy largo.”
“Eso de que haya un narrador no me convence.”
“No quiero jugar roles ocultos con desconocidos.”
“Para eso me echo una partida al Hombre Lobo.”

Estas frases no nacen de la experiencia real, sino de una idea preconcebida. Se repiten como si fueran verdades absolutas, cuando en realidad son escudos. Excusas para no salir de la zona de confort. Porque, aunque seamos jugones, aunque adoremos abrir cajas, probar mecánicas nuevas o seguir a autores de moda, somos criaturas de costumbres. Y fuera de ese terreno conocido, todo se vuelve difuso.

También me pasa a mí
No hablo desde fuera. Yo también he dicho que no.
A los cooperativos, porque “me siento dirigido”.
A algunos fillers, porque “no son para jugones”.
A los temáticos, porque “tienen demasiadas mini reglas”.

Y en cada uno de esos rechazos había un trozo de verdad… pero también una gran mentira. No eran decisiones nacidas de la experiencia, sino del prejuicio. Del miedo a perder el tiempo o de una absurda necesidad de proteger una supuesta “identidad lúdica” que, en realidad, no necesita defensa.

Curiosamente, cuanto más tiempo llevo en la afición, más abierta se ha vuelto mi mente.
Lo habitual, con los años, es que los hábitos se endurezcan, que nos volvamos más selectivos. Pero en mi caso —y me alegra decirlo— ha sido al revés. He probado juegos que antes rechazaba casi por sistema, y algunos me han dejado frío… pero otros me han volado la cabeza.


Mi experiencia con Blood on the Clocktower
Yo mismo dudaba. O más bien, me hicieron dudar. Todas aquellas personas a las que seguía se referían al juego como una versión vitaminada del Hombre Lobo.
Pero por otro lado, empezó a formarse una comunidad en torno al juego que solo hablaba maravillas de él. Y yo lo quería probar.

Por fin lo hice. Y ha sido de las experiencias lúdicas más potentes que he tenido.

Blood on the Clocktower no es solo un juego de roles ocultos. Es una experiencia social completa: una mezcla entre teatro improvisado, juego psicológico, deducción y narración compartida. La figura del narrador no solo no resta, sino que eleva la partida. Es un guía, un moderador, y también un arquitecto silencioso que crea la atmósfera adecuada.

Lo he jugado con desconocidos y con amigos, en vivo y online. Y en todos los casos me ha pasado lo mismo: me he tirado varios días pensando en la partida o comentando con compañeros.
Hay emoción, hay dudas, hay momentos brillantes y otros torpes, pero sobre todo hay conexión.
La tensión que viví en mi primera partida online como demonio hacía tiempo que no la sentía en un juego de mesa, por no decir nunca.

¿Es largo? Puede serlo.
¿Exige implicación? Por supuesto.
Pero lo que devuelve a cambio vale cada minuto.


Di que sí (a veces)
Hace años vi una película de Jim Carrey llamada Di que sí. Una comedia ligera. No voy a decir que me cambió la vida, pero sí que me hizo reflexionar: decir que sí te abre el mundo.

No digo que haya que decir que sí a todo. No se trata de aceptar cualquier juego o cualquier propuesta. Pero sí de abrir una rendija. No hay que olvidar que muchas de las cosas que hoy nos gustan, un día fueron nuevas

Así que la próxima vez que oigas hablar de un juego que no te apetece, que te suena raro, que te genera rechazo…
Tal vez no tengas que decir que sí.
Pero, al menos, hazte la pregunta:
¿Y si me estoy perdiendo algo?

https://www.netflix.com/title/70100379


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *